Anémona daba vueltas con los brazos abiertos, su vestido de color rojo se reflejaba en los cristales de aquellos árboles, su pelo se elevaba en cada vuelta y sus ojos solo miraban hacia el cielo. Fue así la primera vez que Luna la vio y también fue así la última vez que le habló. Anémona, al notar su presencia, tomó sus fragiles manos y dando vueltas junto a ella, acercó su rostro con cautela y besó la frente de la extrañada muchacha. Soltó sus manos, paró de dar vueltas, se acercó a su oído y con extremada dulzura le susurró:
-Bienvenida, Luna...
Luna confusa miró a su alrededor
-¿Eres tú la diosa escarlata? le pregunta
Anémona suelta una carcajada
- diosa no soy, y escarlata tampoco...aunque siempre me vista de rojo...
Luna se impacienta
-¿Quieres que te cuente una historia? Es maravillosa, te lo aseguro, trata de un flautista que rescató a una hermosa doncella descubriendo su verdadero nombre y transformándolo en una linda canción...
-No
-Pero, si es una excelente historia, ademas nadie te la puede contar mejor que yo, al fin y al cabo yo soy la hermosa doncella...
-No
-¿Estas segura?es tu última oportunidad de escucharla
-lamento insistir en que debo declinar tu historia, puesto que ya pronto caerá la noche y esa criatura saldrá de mi nuevamente...
-oh! así que tu eres la creadora, que ironía ...con razón tu nombre es Luna... veo, así que has venido por aquello , es una lástima pequeña Luna pero lamento decirte que ya no se encuentra en mis manos.
-Entonces ¿quien lo tiene? grita Luna alterada.
-Se tiene el mismo cariño, el mismo...
Anémona comienza a dar vueltas de nuevo- ¡Él mismo!-grita mientras gira- ¡Él mismo!
Luna se paraliza.