¿De dónde provenían esos sonidos? Había caminado ya hace mucho tiempo y por mas que los perseguía no llegaba a ellos, ¿Por qué me cautivaron? Cada vez que los escuchaba era como si me encadenara a ellos fuertemente y cuando se escapaban de mis oídos sentía que mi alma se desgarraba y se desvanecía junto con mis pasos. Hasta ese momento no lo había pensado pero ¿Dónde me encontraba? Al parecer era un bosque... Sí, es un bosque, me dije a mi misma. El lugar era hermoso, árboles frondosos y altos, de verde perfecto, troncos anchos y fuertes, todos conectados como si ellos fueran la representación misma de la vida. El bosque era oscuro, tan oscuro que a duras penas veía mi rastro, pero era una oscuridad encantadora, esta se entrelazaba con mi cuerpo y me hacía sentir libre.
De nuevo comenzaron los sonidos, y junto con ellos comenzó a caer escarcha del cielo, era plateada.
De nuevo comenzaron los sonidos, y junto con ellos comenzó a caer escarcha del cielo, era plateada.
Mi camino se ha iluminado - Pensé - La luna también se asomó, daba la impresión de que regresaba de un sueño eterno, su luz cayó sobre la escarcha emitiendo destellos jamas vistos. Yo... Quisiera estar aquí por siempre.
Seguí caminando, los sonidos se transformaron en un linda pero triste melodía, al parecer me estaba acercando a ella, mi espíritu no se sentía turbado, faltaba poco. De repente el bosque se abrió ante mis ojos y enfrente de mí había un grande y hermoso lago, este brillaba junto con la escarcha y la luna. Estaba en un sumidero de luz.
Me adentré en el lago, la melodía así me lo pidió. Miré a mi alrededor. En el centro del lago había una gran piedra y sentado sobre ella había un joven, me acerque para detallarlo, tenía el pelo largo y plateado, ojos blancos, vestía con túnicas verdes. Tocaba una flauta.
-¿Eres un ángel? le pregunté, él como si no me hubiera escuchado siguió tocando la flauta de la cual emanaba la melodía que tanto anhelaba. Me quedé frente a él mirándolo, sus movimientos eran tan delicados que parecía danzar con cada suspiro, con cada parpadeo. Finalmente aquella persona alzó la mirada y me miró fijamente, había despegado sus labios de la flauta, sin embargo de esta seguía saliendo aquella melodía. No me pareció extraño, en ese momento dicho hecho era algo natural. Él, se puso la flauta en las piernas e inclinó su cabeza hacia un lado mientras me miraba fijamente.
- Dulcinea solo danzaba con blancos vestidos , me dijo.
-Así es, le respondí.
-¿Has mirado tu reflejo?
Sacudí mi cabeza en forma negativa. Él enderezo la suya.
-¿Por qué no lo haces ahora?
-Porque no puedo.
Él sonrió. ¿Cuál es tu nombre? me preguntó.
-No puedo decirlo.
-¿Por qué?
-Porque el que tengo ahora no es el verdadero.
-Entonces dime tu verdadero nombre.
-Lo he olvidado.
Agarró la flauta que aún entonaba la melodía y la colocó encima de la piedra, después se levantó y tomando agua del lago con sus manos se acerco a mi y me dijo:
-Si ves tu reflejo, no sólo descubrirás tu nombre sino también el mío.
-No funcionará, ya intenté ver mi reflejo en el agua y no he visto nada.
-Te equivocas, está vez si funcionará porque se encuentra en mis manos, me dijo mientras me miraba fijamente.
Mi corazón se aceleró, mi cuerpo temblaba, no podía mover mis manos, por primera vez tenía miedo, quería negarme, pero mi voluntad ya no era mía, mis actos y mis pensamientos le pertenecían a él. Suspiré fuertemente y tratando de controlar mi cuerpo bajé mis ojos y centré mi miraba hacia el agua que se encontraba en sus manos. No vi nada. En seguida sentí como volvía en mí misma.
-Te equivocaste -le dije aún con mi mirada en sus manos- en tus manos sólo veo agua.
Él permaneció en silencio. Yo tenía en mis labios señas de victoria, así que alcé mi mirada y apenas mis ojos se cruzaron con los suyos, una corriente extraña sacudió todo mi cuerpo, pensé en el bosque, la luna, la escarcha, y finalmente me invadió de nuevo el terror, en sus pupilas vi lo que tanto temía ver, en esos ojos blancos se hallaba mi reflejo. La flauta quedó en silencio. El lago se empezó a teñir de rojo y me quede quieta mientras me salpicaba en sangre.
-¿Así que ese era mi nombre?, le dije.
Él asintió -lo siento- me dijo con tristeza en su cara.
-Tú nombre es hermoso, me alegra que seas tú este bosque.
Me sonrió mostrando agradecimiento.
-Y ahora ¿Qué harás con mi nombre cuando me vaya?
-Convertirlo en melodía...
Y así, finalmente cerré mis ojos y me hundí en lo mas profundo de aquel lago escarlata contenido en la flauta de aquel que recuperó mi libertad y mi paz con mi nombre.
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