lunes, 30 de agosto de 2010

No Anemone

Anémona daba vueltas con los brazos abiertos, su vestido de color rojo se reflejaba en los cristales de aquellos árboles, su pelo se elevaba en cada vuelta y sus ojos solo miraban hacia el cielo. Fue así la primera vez que Luna la vio y también fue así la última vez que le habló. Anémona, al notar su presencia, tomó sus fragiles manos y dando vueltas junto a ella, acercó su rostro con cautela y besó la frente de la extrañada muchacha. Soltó sus manos, paró de dar vueltas, se acercó a su oído y con extremada dulzura le susurró:
-Bienvenida, Luna...
Luna confusa miró a su alrededor
-¿Eres tú la diosa escarlata? le pregunta
Anémona suelta una carcajada
- diosa no soy, y escarlata tampoco...aunque siempre me vista de rojo...
Luna se impacienta
-¿Quieres que te cuente una historia? Es maravillosa, te lo aseguro, trata de un flautista que rescató a una hermosa doncella descubriendo su verdadero nombre y transformándolo en una linda canción...
-No
-Pero, si es una excelente historia, ademas nadie te la puede contar mejor que yo, al fin y al cabo yo soy la hermosa doncella...
-No
-¿Estas segura?es tu última oportunidad de escucharla
-lamento insistir en que debo declinar tu historia, puesto que ya pronto caerá la noche y esa criatura saldrá de mi nuevamente...
-oh! así que tu eres la creadora, que ironía ...con razón tu nombre es Luna... veo, así que has venido por aquello , es una lástima pequeña Luna pero lamento decirte que ya no se encuentra en mis manos.
-Entonces ¿quien lo tiene? grita Luna alterada.
-Se tiene el mismo cariño, el mismo...

Anémona comienza a dar vueltas de nuevo- ¡Él mismo!-grita mientras gira- ¡Él mismo!
Luna se paraliza.

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