En un lugar donde no diferencio la ilusión de la realidad, al ritmo de las pulsaciones aceleradas de este músculo inútil que entorpece mi juicio, te saludo a ti, que te has incrustado en lo más profundo de mis memorias, saludo a tu sonrisa que tanto adoro y a tu presencia que tanto anhelo.
¿Y qué sigue después de este saludo? Un momento incómodo, un cambio de color, una duda. Y así, tú me saludas como si nada, sonriendo, callando y borras mi existencia de tus pensamientos. Pero dile a tu silencio, ¡A tu maldito silencio! que existí para ti en ese instante y aún lo hago en el recuerdo, en el roce, en los labios y en la mirada.
Para mí, tu presencia y el recuerdo mezclan el cielo y el infierno donde sea que te encuentres, y la confusión me envuelve y aprisiona ya que aún no sé que siento. ¿Serás aquel al que deseo darle todo? ¿O simplemente el capricho? o ¿El recuerdo, la primera experiencia? Lo único que sé es que me asustas, me abrumas y no te comprendo. Eres como un ser de otro planeta que me habla en idiomas desconocidos, al que al parecer interpreto mal sus señas.
Pero no debes preocuparte, no es necesario que sigas jugando, tanteando, destruyendo mis ganas, mi confianza. No es necesario que pienses en mí como tu error, tu vergüenza, porque es una mentira que te extrañe cuando no estás cerca, que piense en ti constantemente, que quiera estar a tu lado. Y sí, tiemblan mis manos, mis palabras se cortan y mis movimientos se entorpecen, pero todo es producto de mi mala salud -corporal y mental- porque eres como un parásito que carcome mi mente, como un virus que debo eliminar.
Así que ahora, en este lugar donde veo con mayor claridad, al ritmo de los golpes generados por la conciencia y el amor propio, me despido de ti, al que deseo eliminar de mis memorias, de tu sonrisa que aún adoro y de tu presencia que anhelo no añorar.
Pero no debes preocuparte, no es necesario que sigas jugando, tanteando, destruyendo mis ganas, mi confianza. No es necesario que pienses en mí como tu error, tu vergüenza, porque es una mentira que te extrañe cuando no estás cerca, que piense en ti constantemente, que quiera estar a tu lado. Y sí, tiemblan mis manos, mis palabras se cortan y mis movimientos se entorpecen, pero todo es producto de mi mala salud -corporal y mental- porque eres como un parásito que carcome mi mente, como un virus que debo eliminar.
Así que ahora, en este lugar donde veo con mayor claridad, al ritmo de los golpes generados por la conciencia y el amor propio, me despido de ti, al que deseo eliminar de mis memorias, de tu sonrisa que aún adoro y de tu presencia que anhelo no añorar.
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