viernes, 20 de noviembre de 2015

Carta a Nadie

En un lugar donde no diferencio la ilusión de la realidad, al ritmo de las pulsaciones aceleradas de este músculo inútil que entorpece mi juicio, te saludo a ti, que te has incrustado en lo más profundo de mis memorias, saludo a tu sonrisa que tanto adoro y a tu presencia que tanto anhelo.

¿Y qué sigue después de este saludo? Un momento incómodo, un cambio de color, una duda. Y así, tú me saludas como si nada, sonriendo, callando y borras mi existencia de tus pensamientos. Pero dile a tu silencio, ¡A tu maldito silencio! que existí para ti en ese instante y aún lo hago en el recuerdo, en el roce, en los labios y en la mirada. 

Para mí, tu presencia y el recuerdo mezclan el cielo y el infierno donde sea que te encuentres, y la confusión me envuelve y aprisiona ya que aún no sé que siento. ¿Serás aquel al que deseo darle todo? ¿O simplemente el capricho? o ¿El recuerdo, la primera experiencia? Lo único que sé es que me asustas, me abrumas y no te comprendo. Eres como un ser de otro planeta que me habla en idiomas desconocidos, al que al parecer interpreto mal sus señas.

Pero no debes preocuparte, no es necesario que sigas jugando, tanteando, destruyendo mis ganas, mi confianza. No es necesario que pienses en mí como tu error, tu vergüenza, porque es una mentira que te extrañe cuando no estás cerca, que piense en ti constantemente, que quiera estar a tu lado. Y sí, tiemblan mis manos, mis palabras se cortan y mis movimientos se entorpecen, pero todo es producto de mi mala salud -corporal y mental- porque eres como un parásito que carcome mi mente, como un virus que debo eliminar.

Así que ahora, en este lugar donde veo con mayor claridad, al ritmo de los golpes generados por la conciencia y el amor propio, me despido de ti, al que deseo eliminar de mis memorias, de tu sonrisa que aún adoro y de tu presencia que anhelo no añorar. 


- Mi aporte al blog conjunto http://retoscthulhualien.blogspot.com.co/ -

domingo, 27 de septiembre de 2015

Reflexión N #14 : Carta de Britomartis a Bronsted Lawry.

Lamento no haberte protegido, haberme ausentado por un instante y permitir que te robaran el buen recuerdo, la primera impresión, la sonrisa, la ilusión. Lamento haber permitido que te hicieran daño y que ahora se grabe en mí "flashbacks" de aquello que no debió pasar. Sin embargo todo pasa, todo acaba, y aunque ahora te sientas humillada, dolida, con pena en el alma, en un futuro sólo será un recuerdo, algo de lo que te reirás al contar. Lo único que haré en estos momentos es darte fuerza, darte la seguridad que necesitas para levantarte mañana con una sonrisa y seguir adelante. No te aseguro que no vuelva a suceder en un futuro, pero sabrás como afrontarlo, porque te protegeré y te amaré como nadie en este planeta. No más lágrimas, no más vergüenza. Se fuerte, sonríe. Porque sé lo que vales y no dejaré que algo que ocurrió en segundos te defina por el resto de tu vida. Buscaremos tu, nuestra, mi felicidad, así que hagamos de esta experiencia un medio para encontrarla. 
Tomemos todo lo que sucedió, transformemos los recuerdos y seamos mañana una mejor versión de nosotros mismos.

Sabes que no estás sola y que detrás de ti se encuentran amigos, familia, hasta osos, un lobo en el codo, un Alien y yo. 

Te amamos y amaremos hoy y siempre. 
¡Fighting! 

Hubble Deimos Britomartis.

sábado, 23 de mayo de 2015

V de zorro.

Tu mejilla se presentó como un regalo inesperado, como un asomo del deseo, como una vergüenza tardía. Repetía ese pequeño instante y gritaba, me sonrojaba. Descubrí mi inocencia y la emoción que produce adorar a alguien. Y la pena me impidió ver más allá de mi propia preocupación. 

Desde ese día sólo recuerdo tu cara y trato de imaginar que expresión hiciste, qué dijeron aquellos que te acompañaban, que pensaste, que sentiste, ¿Se te hizo extraño? ¡Agh! Que agobiante es no poder darle poca importancia a un acto tan sencillo, tan común, tan irrelevante para alguien normal.

Y me siento tonta y perturbada, por dejar que mi vergüenza distorsione aquel momento, tal vez porque no quiero aceptar la verdadera dimensión del espacio que ocupas en mi cerebro, porque eres esa persona que desvía mi mirada, esa persona que evito, esa persona que a pesar de que no deseo soy muy consciente de su existencia. 

Siempre has sido un gesto, una sonrisa, ¿el coqueteo?, el nuevo truco, el saludo lleno de confianza. Yo siempre he sido la respuesta tímida, la mínima palabra, la mirada, la submirada, la sonrisa y nuevamente la mirada. Sé que la curiosidad me inunda cuando estás al frente, pero tal vez eso sea todo, curiosidad, y a lo mejor a medida que te vaya descubriendo, todo eso terminará. Pero hay algo que sí sé con certeza y es que me gusta verte, escucharte, hablar contigo, que me encanta tu sonrisa, tu mirada astuta, pero no en un sentido romántico, y que tal vez te veo como una adolescente ve a su ídolo, con cierta fascinación y adoración. Extraño ¿Verdad?


lunes, 20 de abril de 2015

Sinapsis

Veo un espacio blanco, infinito. Veo caminos en formas dendritas, veo bifurcaciones, extensiones, conexiones tan poderosas que al pararme y detallar el paisaje me siento desvalida, frustrada y limitada. En cada borde hay un destello y en cada destello una posibilidad. Las posibilidades me consumen, me matan lentamente, me desgastan. ¿Cuál es el objeto de tener un camino infinito ante tus ojos si no puedes siquiera colocar un pie en el? Quedarse quieto y presenciar destellos ¿Qué clase de broma macabra es esta? 

Toda esta panorámica me enoja y me asusta. Con cada suposición llega una maldición, con cada suspiro el peso aumenta, poco a poco me convierto en una estatua, o simplemente en una piedra que otros pies patean, pisan y sacan del camino. Una piedra, un estorbo, un mugre, no hay diferencia. 

Al parecer el tiempo en este espacio se presenta como un asesino silencio, como un dios despiadado y orgulloso, que transforma, manipula y abandona. Aquí un segundo basta para que me convierta en números, datos, en aire, en vacío, en un espacio, un proceso, en una incógnita. Un segundo basta para que la piedra se pulverice, para que el destello ocurra, para dejar clara mi inexistencia.

Y cuando el destello se apaga, la posibilidad se une a la suposición, mi alma se corroe, el camino deja de ser camino y el espacio se limita. Como consecuencia el ser se encarcela, y yo, la piedra, estorbo o mugre que observa, me vuelvo tan diminuta que pierdo significado, sentido. Acto seguido las dendritas se multiplican y me absorben, devoran mis rastros, mis ecos. No queda nada, no queda quien observe, pero ahora soy parte de algo, cruel e inerme, en un espacio finito y negro donde el camino se pierde.

viernes, 6 de febrero de 2015

Detalles

Mire usted, querido Walter, observar siempre ha sido mi fuerte, los detalles se impregnan en mi memoria y flotan entre mis recuerdos con más viveza que aquello de lo que hacen parte. No asocio el panorama, sólo observo. No proceso la entidad, sólo disfruto lo añadido. Tal vez por eso recuerdo los lunares, las manchas, las huellas, pero jamás recuerdo un rostro o un cuerpo. 

¿Quiere saber  algo curioso? Tal es el grado de esta manía que cuando veo alguna fotografía mía o mi reflejo en el espejo me asocio más no me veo. Ah, porque ver es distinto que observar, y en ese sentido le aseguro, que mis ojos perciben un mundo totalmente distinto al suyo.

Sin embargo mi visión no es ventajosa en muchos casos, he notado que mi incapacidad de ver una visión general de las cosas es también mi talón de Aquiles. Las personas tienen la extraña costumbre de cambiar esas pequeñas cosas en honor a la gran figura, o simplemente de esconderlas, lo cual hace que me sea imposible reconocerlas. También esta carencia de generalidad es a veces perturbante, es como tener infinitas piezas de un rompecabezas que debido a su exorbitante cantidad hacen imposible unirlas en su totalidad hasta obtener la figura que representan, y es que puede que lo intente por años, pero jamás he podido conectar en su totalidad un grupo de detalles que formen una sola cosa.

Apuesto a que desea un ejemplo, pero verá, contar estas historias es un poco doloroso, sin embargo le contaré una, tal vez aquella que más me ha desgarrado, si lloro no se asuste, incluso los hombres como yo lloran. Hace un par de años, conocí a esta mujer, un conjunto de detalles adorables, exquisitos, la tuve una noche a mi lado y le juro que memoricé cada hebra de su pelo, cada pestaña, cada peca, cada poro de su piel, si mi cerebro almacenara como esas discos que venden hoy en día, le aseguro que tendría que comprar diez mil de esos aparatos para almacenar toda esa información que obtuve de ella aquella noche. Y me enamoré y ella de mí, de eso estoy seguro ¿Sabe por qué? Porque la gente cambia cuando se enamora y ya supondrá usted que sucedió, que tan grande fue lo nuestro que el rompecabezas que yo tenía en mi cabeza, ya no correspondía al de esa persona.

Iteración de otoño

Confesaría que estoy harto, mamado, como dicen coloquialmente, de ver al mundo como es, del desencanto de la vida. Me cansa que fiambres de hueso y carne con algo viscoso y gris en su cabeza determinen el futuro de un mundo que no les pertenece. Me enoja ver el cielo y no ver estrellas, ver el suelo y no ver tierra, me enoja hacer parte de una especie en la que su egocentrismo destruye lo poco que le puede ser reconocido. No pedí nacer siendo lo que soy, es más no pedí nacer, pero ya que estoy en este mundo para el cual aparentemente soy un virus, debería hacer algo para recompensar mi existencia,

Pero no lo hago y jamás tal vez lo haga.
Pero no lo hago y jamás tal vez lo haga.
Pero no lo hago y jamás tal vez lo haga.
Pero no lo hago y jamás tal vez lo haga.
Pero no lo hago y jamás lo haré. 

Pensar que sería un héroe y cambiaría algo en el futuro, no era más que el producto de un niño inocente e ignorante -tanto del mundo como de sí mismo-, pero ahora, adentrado un poco más en el otoño de la adultez por fin entendí lo que representa ser humano: 

Ser un estorbo hasta que todo se vaya a la mierda. 
Ser un estorbo hasta que todo se vaya a la mierda. 
Ser un estorbo hasta que todo se vaya a la mierda. 
Ser un estorbo hasta que todo se vaya a la mierda. 
Ser un estorbo y mandar todo a la mierda