Confesaría que estoy harto, mamado, como dicen coloquialmente, de ver al mundo como es, del desencanto de la vida. Me cansa que fiambres de hueso y carne con algo viscoso y gris en su cabeza determinen el futuro de un mundo que no les pertenece. Me enoja ver el cielo y no ver estrellas, ver el suelo y no ver tierra, me enoja hacer parte de una especie en la que su egocentrismo destruye lo poco que le puede ser reconocido. No pedí nacer siendo lo que soy, es más no pedí nacer, pero ya que estoy en este mundo para el cual aparentemente soy un virus, debería hacer algo para recompensar mi existencia,
Pero no lo hago y jamás tal vez lo haga.
Pero no lo hago y jamás tal vez lo haga.
Pero no lo hago y jamás tal vez lo haga.
Pero no lo hago y jamás tal vez lo haga.
Pero no lo hago y jamás lo haré.
Pensar que sería un héroe y cambiaría algo en el futuro, no era más que el producto de un niño inocente e ignorante -tanto del mundo como de sí mismo-, pero ahora, adentrado un poco más en el otoño de la adultez por fin entendí lo que representa ser humano:
Ser un estorbo hasta que todo se vaya a la mierda.
Ser un estorbo hasta que todo se vaya a la mierda.
Ser un estorbo hasta que todo se vaya a la mierda.
Ser un estorbo hasta que todo se vaya a la mierda.
Ser un estorbo y mandar todo a la mierda
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