viernes, 6 de febrero de 2015

Detalles

Mire usted, querido Walter, observar siempre ha sido mi fuerte, los detalles se impregnan en mi memoria y flotan entre mis recuerdos con más viveza que aquello de lo que hacen parte. No asocio el panorama, sólo observo. No proceso la entidad, sólo disfruto lo añadido. Tal vez por eso recuerdo los lunares, las manchas, las huellas, pero jamás recuerdo un rostro o un cuerpo. 

¿Quiere saber  algo curioso? Tal es el grado de esta manía que cuando veo alguna fotografía mía o mi reflejo en el espejo me asocio más no me veo. Ah, porque ver es distinto que observar, y en ese sentido le aseguro, que mis ojos perciben un mundo totalmente distinto al suyo.

Sin embargo mi visión no es ventajosa en muchos casos, he notado que mi incapacidad de ver una visión general de las cosas es también mi talón de Aquiles. Las personas tienen la extraña costumbre de cambiar esas pequeñas cosas en honor a la gran figura, o simplemente de esconderlas, lo cual hace que me sea imposible reconocerlas. También esta carencia de generalidad es a veces perturbante, es como tener infinitas piezas de un rompecabezas que debido a su exorbitante cantidad hacen imposible unirlas en su totalidad hasta obtener la figura que representan, y es que puede que lo intente por años, pero jamás he podido conectar en su totalidad un grupo de detalles que formen una sola cosa.

Apuesto a que desea un ejemplo, pero verá, contar estas historias es un poco doloroso, sin embargo le contaré una, tal vez aquella que más me ha desgarrado, si lloro no se asuste, incluso los hombres como yo lloran. Hace un par de años, conocí a esta mujer, un conjunto de detalles adorables, exquisitos, la tuve una noche a mi lado y le juro que memoricé cada hebra de su pelo, cada pestaña, cada peca, cada poro de su piel, si mi cerebro almacenara como esas discos que venden hoy en día, le aseguro que tendría que comprar diez mil de esos aparatos para almacenar toda esa información que obtuve de ella aquella noche. Y me enamoré y ella de mí, de eso estoy seguro ¿Sabe por qué? Porque la gente cambia cuando se enamora y ya supondrá usted que sucedió, que tan grande fue lo nuestro que el rompecabezas que yo tenía en mi cabeza, ya no correspondía al de esa persona.

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