El amor se nos presenta como una herramienta cruel que nos recuerda que en esta vida todo es cuestión de balance. Si amas pero no eres amado pierde significado tu amor. Si recibes amor pero no amas, te vuelves en un ser antagónico. Para que el amor germine tanto la fuente como el receptor deben recibirlo de igual forma, si no se transforma y se distorsiona en un ser malévolo, en un cancer que carcome el alma y extingue los ánimos, convirtiendo a aquella persona no correspondida en un ser cansado, malherido y destrozado.
Pero ¿Por qué el sentimiento más cálido de la humanidad se puede tornar en una pesadilla eterna? Culpemos de nuevo el balance y al destino torcido del que tenemos que ser víctimas al menos una vez en nuestra vidas. La vida no es justa, pero al no ser justa es justa, porque siempre tendremos que sacrificar algo de nosotros mismos para obtener algo mejor.
Por eso decidí sacrificar mi primer amor. Lo suelto, lo dejo ir para que ese balance "divino" me de a cambio mi último y gran amor.
No voy a mendigar más amor de alguien que no quiere dármelo. Y bajo ninguna circunstancia voy a desperdiciar más agua de mi propio cuerpo, de mis ojos, en este tiempo de calentamiento global. Por supuesto tampoco voy a ocupar Terabytes de memoria de mi cerebro en imágenes y videos -recuerdos como otros le llaman- de un pasado que ya no existe. No más. Ya es hora de recibir. Mi tiempo, mis pensamientos, mis sentimientos son valiosos y no merecen ser desperdiciados y tirados a lo más profundo de un caño.
Así que te advierto querido destino, estás en deuda conmigo y más te vale que empieces a pagar. Toma todo este amor, sácalo de mi, recíclalo, úsalo para hacer papel higiénico o lo que te venga en gana y cuando termines trae arcilla y convoca tu ejercito de creativos y moldea para mi el futuro más brillante de todos, dame un amor que no me agote, déjame crecer y perdonar y así corrobórame que en la injusticia hay justicia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario