Tierras áridas rodean al viajero mientras da pasos torpes al tocar las grietas. Con la mirada perdida y el rostro encendido, respira profundo y finalmente se detiene.
Iridiscente se torna el cielo cuando inclina su cabeza en busca de consuelo, su visión se reduce con cada latido, el calor consume su alma. No hay retorno, no hay salida. Allí se encuentra, solo, el viajero más miserable de aquellas tierras.
Ante su innegable destino y derrotado, el viajero toma el último sorbo de agua de sus reservas. Sus labios, empolvados y fracturados, renacen y mueren por un instante.
Lágrimas brotan de sus ojos y se evaporan al salir de sus comisuras, como premoniciones líquidas y efímeras de una vida que se agota.
Un largo viaje a llevado a dicho hombre a este paraíso desértico, pero la ilusión de un nuevo mundo ha sido quebrada por arena y rocas del paisaje, de la vida misma.
Con su último aliento, toma una daga, en su vaina decorada con zafiros se observa el océano, una cruel alegoría que representa con piedras aquel titán perdido.
El viajero, con rabia, lanza la vaina tan lejos como su fuerza se lo permite. Toma el cabo con sus dos manos y determinado a tomar su vida, dirige la punta a su pecho.
Rompe sus tejidos con fuerza, la sangre brota violenta y victoriosa. El suelo se estremece, las grietas se extienden y se abren con rapidez y fuerza. Corrientes de viento salen de la tierra y resuenan como himnos de despedida.
Océanos de sangre se forman en un instante y fecundan la tierra a su paso y el cuerpo del viajero cae en un abismo donde será eternamente olvidado.
Mi aporte para #CDUFA #Reto3
No hay comentarios:
Publicar un comentario