domingo, 7 de septiembre de 2014

Acto I: Desaparición

La solución está en su destrucción, en su total eliminación, de esta forma, esta interacción injusta donde aquel que no lo busca lo tiene a su disposición y aquellos que lo desean se les ha negado de formas imperdonables, puede terminar, lo sé. Pero no me atrevo a destruirlo, tal vez porque mantengo la estúpida idea de darle relevancia a aquello que no existe, a aquello que no existirá...

Así que me contradiré y ya que va a permanecer intacto, lo único que puedo hacer es protegerlo, envolverlo en mis manos y que su humedad y calor penetren mis dedos hasta que su tibieza se mezcle con mi tacto de tal forma que lo que siento desaparezca por completo. Lo esconderé, que nadie lo note, o más bien, que todos lo ignoren, que su ser sólo sea visible por mis ojos, sus ojos, y que mis manos sean la túnica que le conceda una aparente inexistencia hasta que al trascurrir el tiempo desaparezca y se convierta en una inexistencia absoluta.
                                  
Seré la perfecta representación de un ilusionista, engañaré con mis actos y les haré creer que aquello que ven es absolutamente lo opuesto, puesto que aquello que más vemos es lo que menos observamos. Haré que el olvido al cual tanto temo se apoderé de mi, de todos, y me ahorre la idea de buscar solución alguna. Sé que huir de aquello que me hace vulnerable me hace cobarde, pero esa cobardía puedo disfrazarla con este gran acto, oh, ¡sí! ¡maravilloso acto! Y lograré que desaparezcan no sólo mis debilidades, o aquello que quiero proteger...Si no mi mismo ser.


Lowry.

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