sábado, 19 de mayo de 2012

O.V (Parte 1)


Al despertarme sentí la presciencia de uno de ellos al frente de mi cama, rápidamente , para evitar tener contacto con sus ojos, al abrir los míos, dirigí mi mirada hacia el techo. Este se veía más alto, más lejano, más opaco de lo que recordaba, aunque decir recordaba” es algo bastante dudoso, teniendo en cuenta que nunca me fijo detalladamente en cosas como mi techo ni nada por el estilo.

Al ver una pequeña mancha, recordé inmediatamente la presencia de aquel que me observaba, así que rápidamente me levanté de mi cama , y evitando verlo, me dirigí al baño, me lavé la cara, me puse algo cómodo y salí de mi habitación hacia el pasillo de los dormitorios.

Esta no fue una muy buena idea y allí, en dicho pasillo, habían decenas de ellos, todos inmóviles y en fila alrededor de la larga alfombra roja, observándome con sus penetrantes ojos. Una corriente fría pasó por todo mi cuerpo, en momentos de crisis como estos la única opción por la que opta mi cerebro siempre es la huida , así que mirando esta vez hacia el piso comencé a dar largos pasos hacía la salida y me sentí como aquel personaje bíblico, abriéndome paso milagrosamente ante un mar salvaje, sólo que en mi caso este mar era un mar de ojos tenebrosos y repugnantes.  

Salí hacia el viejo laboratorio. En el camino no había nadie como de costumbre, el único ruido que se escuchaba era el susurro del los árboles y mis pasos.  Y de nuevo estaba solo y no pude evitar sentir esa extraña nostalgia,  pensé en mi situación, en el grabe error que había cometido, y sobre todo en mi vanidad, en mi maldita vanidad.  Finalmente llegué ,  el viejo edificio estaba ahí en frente mío y al entrar , entró en mi una gran dicha,  la dicha de llegar por fin a casa.

Desempolvé todo, los papeles, los artilugios, mis creaciones, mi orgullo, me desempolvé a mi mismo. Al ver los planos de todos mis trabajos del último año me sentí satisfecho. La felicidad se desenvolvía en cada hoja, en cada letra , en cada ecuación. Ese lugar era mi paraíso, mi mundo entero. Pero tan pronto como la dicha me envolvía con cada cosa que mis ojos veían, desapareció de golpe al ver dichos planos, al tocar ese cuaderno, el cuaderno maldito, allí donde estaba atestiguado mi crimen, mi inmundicia, aquel portador de mis pesadillas, mis remordimientos. Y así empezaron a surgir los recuerdos, y veía mi sonrisa, llena de avaricia y me daba miedo, no sólo la sonrisa, si no mi misma existencia.

26

Veo tus ojos, veo tus ojos y cierro los míos, y capturo tu imagen, como una foto, como un retrato, esperando que jamás se difumine o se transforme, que quede inalterable , impenetrable y eterna... Y abro mis ojos y sigues ahí , te veo, te veo y tú me ves , me ves y me sonríes, y me pierdo, me pierdo en tus ojos, en tus labios, en tus manos, en tu sonrisa, en el brillo de tus ojos, en tu pelo extraño, en cada mínimo detalle, me pierdo en ti. Y reproduzco mil veces esos segundos y paro todo en ese instante, y empiezo a imaginar cosas, y me arriesgo a suponer que hubiera sucedido si, pero vuelvo a tu recuerdo, y me congelo, me congelo y te congelas, porque ya no existe el tiempo, ya no existe el ahora, solo existes tú, tú y tus ojos, y tu sonrisa y existo yo, ese yo que al parpadear te ve, te evoca, te anhela. Ese yo que no distingue si recuerda o experimenta. 

Y nuevamente veo tus ojos, veo tus ojos y cierro los mios, y al abrirlos te veo... Te veo pero tú ya no me ves.


miércoles, 4 de abril de 2012

SangrArte

A Diam Crovaleft le encantaba anonadarse en la sangre de sus víctimas, cada mancha, cada gota, eran su delirio, su éxtasis y a su vez la definición más explicita de lo que él llamaba arte. De esta forma, con cada una de sus "adquisiciones" se desbordaba en gozo y saciaba su sed de arte, creando así, a través de la oscuridad del acto, lo que él pensaba era la obra más perfecta de toda la historia.

Cada mañana al salir de su galería, mientras caminaba por las lujosas calles de su ciudad, se dedica a buscar detenidamente la inspiración y los "materiales" para su próxima pieza. A veces tardaba sólo un instante, otras veces horas e incluso días, pero cuando la encontraba, su mente y su cuerpo sólo obedecían a ese deseo innato de alterar lo existente en algo más hermoso y cautivante, en aquello que ni siquiera el mismo podía ni imaginar ni entender hasta el fin de su realización. Y así cegado en su concepción del mundo, Diam seducía a hombres y mujeres, los llevaba a su estudio y con la idea que su mente tuviera para la realización de la nueva obra, procedía a asesinarlos de tal forma que su idea cobrara vida (en un sentido bastante irónico).

Generalmente drogaba a sus víctimas hasta que quedaran inconscientes (a menos que su obra le exigiera expresiones que sólo el miedo puede producir en las personas) y después con extremo cuidado procedía a acuchillar, mutilar y despellejar sobre un inmenso lienzo reservado para ese instante, pero no deliberadamente, si no como su instinto artístico se lo indicaba. De esta forma con tan sólo atravesar la carne fresca con un cuchillo, al clavar con fuerza su cincel sobre esa masa inerte rebosante en sangre tibia y al desollar delicadamente alguna que otra parte del cuerpo que tenía sobre su lienzo, se sentía pleno, embelesado, completo, y cada gota, cada mancha, cada color en la piel, la sangre y la musculatura, le daban a su pieza la forma que su mente tanto había imaginado. Y Diam se sentía como un dios, se sentía poderoso, magnificente, porque era aquel artista, aquel genio, que había demostrado que todo en el mundo es hermoso, incluso la misma muerte.

El día en que por fin abrió su obra ante los ojos del mundo, atrapado en su misma arte, decidió mostrarse a sí mismo como una pieza de arte y así, ante un sin fin de personas aterrorizadas por lo que veían sus ojos, se clavó a sí mismo en su lienzo, atravesándose una varilla por su pecho, y con el corazón en la punta de esta, a la vista de todo espectador, les dejo claro que su obra, sería indiscutiblemente, inolvidable.


domingo, 18 de marzo de 2012

Reflexión #9 ?

Nostalgia, maldita enfermedad, maldito virus. Se apodera del cerebro, del cuerpo, de la visión, me hace sentir miserable, vacía, inexistente. Veneno.

Nostalgia, sutil recuerdo de mi pobre ser, de la podredumbre acumulada en mí, de lo muerto que debería estar vivo, de lo vivo que debería morir, recuerdo del olvido. Cancer del espíritu.

Nostalgia, algo pequeño, algo grande. Y enreda, ahorca, estanca, angustia. No es necesaria, pero no se puede desechar, no, al menos que me deshaga de mi misma. Pensamiento tóxico, mortal.

Nostalgia, la aborrezco, o no , no la aborrezco, me aborrezco, o no, no me aborrezco... Nostalgia, maldita enfermedad, maldito virus.