No entendí tus gestos ni tus palabras, tampoco tus silencios. No entendí mis deseos ni mis pensamientos, porque fue un impulso, el furor del momento. Permíteme entonces, cuando aún es tenue el pensamiento, detener esta sed, esta necesidad de tenerte, de poseer tu mirada y tus pensamientos. Permíteme parar estas ganas de destrozarte, de poseer tu mente y llevarte a la locura, de hacer que te sientas solo y miserable, de arrancarte el alma ¡Volverla mierda! y hacerla mía.
Solo quiero sentir la emoción que genera en mí tu sufrimiento. Quiero manipularte y estropearte de forma irreparable, que te sea imposible respirar o caminar sin pensar en mi existencia. Quiero destruirte, asfixiarte, y sentir tu odio - puro, intenso y perpetuo - y ser tan importante para ti de tal forma que al odiarme seas incapaz de amar ¡Que no ames a nadie!
Así que detenme, contén mis deseos, aléjate de mí y no des un paso más. Elimíname antes de que me odies, para que no lleguemos al punto en el cual al llenarme y saciarme con tu odio, tu te conviertas en un ser vacío y carente de sentido. Detenme antes de que sea yo el que te destruya. Detenme antes de que sea yo el que me destruya.